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Año Internacional de los Suelos: agricultura orgánica

Por Yureli Cacho Carranza

México, DF. 6 de agosto de 2015 (Agencia Informativa Conacyt).- Si bien las computadoras, los satélites artificiales, los teléfonos celulares, el internet y demás servicios de la tecnología, nos han facilitado la vida; aún nos seguimos alimentando de las mismas especies de animales, plantas y hongos con los que se alimentaban nuestros antepasados hace miles de años, opinaron la doctora en ecología Isabelle Barois Boullard, nivel I del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) y ex becaria del Conacyt, así como el maestro en ecología José-Leonel Torres Hernández, miembro de la Sociedad Botánica de México, bajo el contexto del Proyecto Internacional Conservación y Manejo Sostenible de la Biodiversidad del Suelo.

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Conforme al portal de internet de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés), la agricultura orgánica se distingue de la industrial por su protección al medio ambiente. Sin embargo, adquirir productos orgánicos en el mercado actualmente es muy caro, debido en parte a la ley de la oferta y la demanda porque no son alimentos que puedan producirse en grandes volúmenes y tampoco se venden mucho. Asimismo, los productos orgánicos requieren mayor mano de obra para su producción, entre otros factores de carácter económico sobre todo, como la denominada economía de escala la cual se refiere al beneficio que obtienen las empresas en la medida que incrementan la cantidad de su producción.

Por lo anterior, es importante que, por parte de los consumidores, comience a gestarse una cultura de consumo de productos elaborados orgánicamente.

jose sarukhan agricultura organica01Dr. José Sarukhán Kermez“La agricultura industrial modifica, degrada y destruye los suelos naturales y hasta el momento no existen nuevas tecnologías que permitan reponer los suelos perdidos” comentó en entrevista el doctor José Sarukhán Kermez. Por lo tanto, se requieren estudios y el apoyo de investigadores para que, a la vez que se siga mejorando la producción agrícola también se rehabilite el suelo, agregó el doctor Arcadio Monroy Ata en conferencia dentro del marco de la 5ª Semana de la Diversidad Biológica.

El doctor José Sarukhán refirió que es fundamental analizar la manera en la que se lleva a cabo la agricultura, con qué fin, cuáles son los motivantes para hacer esa actividad de manera deletérea y en qué lugar se hace. La respuesta a todas estas interrogantes es seria porque tiene costos, dijo.

“No existe por ejemplo un sistema que incorpore el costo del deterioro de los suelos por cada kilo de arroz, frijol o maíz; se requiere una especie de impuesto ecológico para restaurar las condiciones de los suelos perdidos a fin de que puedan seguir funcionando, pero eso no opera y la mayor parte de la agricultura de alta tecnificación es la que utiliza grandes insumos de fertilizantes, plaguicidas, pesticidas, herbicidas y la que produce mayor cantidad de daños ambientales”.

Si a través de los sistemas económicos o financieros del mundo se decidiera incorporar parte de los costos ambientales a los productos, la gente lo pensaría dos veces antes de adquirir ese producto y sólo si le es indispensable lo va a pagar, añadió el investigador reconocido con el Premio de la Academia de la Investigación Científica (1985) y ex rector de la UNAM (1989-1997).

Por otra parte, aunque el agrónomo y Premio Nobel de la Paz (en 1970) Norman Ernest Borlaug previó que el crecimiento exponencial de la población limitaría su alimentación y que por lo tanto el abono orgánico no podría sustentar la producción de alimentos para el consumo de todos los seres humanos; con lo cual se detonó lo que se conoce como revolución verde, no se calcularon las consecuencias que la llamada revolución verde ha tenido para el medio ambiente; esto lo afirmó en conferencia durante la 5ª Semana de la Diversidad Biológica, el responsable de la unidad de investigación en ecología vegetal en la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza de la UNAM, doctor Arcadio Monroy Ata.

Cómo afecta la revolución verde

jose miguel flores lopez ilustracion suelos organicoIlustración: Miguel Flores L.Como ya puntualizó el doctor Sarukhán Kermez, el aumento en la productividad de alimentos como trigo, arroz, maíz y otros, involucra el uso de enormes cantidades de fertilizantes, pesticidas, herbicidas, tractores o demás maquinaria pesada; y sin necesidad de nuevas tierras de cultivo permite multiplicar la cantidad de granos por hectárea. No obstante, este tipo de agricultura ocasiona severos daños ambientales y además requiere una gran cantidad de energía; adicionalmente exige fuertes inversiones de capital y un planteamiento empresarial muy alejado de la agricultura tradicional, según se explica en el libro electrónico Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente del doctor en ciencias biológicas Luis Echarri Prim, subdirector del servicio de Calidad e Innovación de la Universidad de Navarra en Pamplona, España.

Al respecto el doctor José Sarukhán señaló que “la tecnología sirve para muchas cosas, ha aumentado la esperanza de vida de 30 a 40 hasta 70 u 80 años; pero lo que no debe ser es aplicar la tecnología para ver cómo hacer mucho más dinero, sin importar las consecuencias del uso de esa tecnología”.

Por su parte, el doctor Monroy Ata, autor del libro Herederos de la Tierra: Desarrollo urbano sustentable, indicó en la conferencia referida que “después de décadas de cultivar con el sistema del paquete tecnológico que implica la revolución verde nos hemos dado cuenta de que de la fertilización química sólo se aprovecha de 40 a 60 por ciento, el resto se lava y transporta a los cuerpos de agua o mantos acuíferos, este tipo de agricultura también inhibe el desarrollo de la biota edáfica, es decir de los organismos y microorganismos propios del suelo, que son los que le dan fertilidad al sustrato y permiten el desarrollo vegetal. De manera que se está trabajando de forma contraria a la manera de funcionar de la naturaleza y los ecosistemas”.

Importancia del proceso natural

Los suelos o ecosistemas tienen por si mismos una biota edáfica (flora y fauna) muy rica que descompone el total de los residuos de la materia orgánica arcadio monroy suelos webDr. Arcadio Monroy Ataque llega al suelo. Todos los organismos del planeta producen desechos sólidos, líquidos y gaseosos cuyos residuos son la materia prima para los diferentes tipos de organismos que viven en el suelo y que mineralizan la materia orgánica para que nuevamente sirva de nutriente a las plantas, explicó el también profesor titular de tiempo completo en la FES Zaragoza, con más de 35 años de experiencia como docente, Arcadio Monroy Ata.

Los abonos orgánicos no químicos, mejoran el suelo al aportar nutrientes y permitir el desarrollo de la biota edáfica, la cual con el tiempo mejora las propiedades, físicas, químicas y biológicas del suelo. Existen organismos o microorganismos de todo tipo y tamaño, como termitas, escarabajos, bacterias, hongos, hormigas, ácaros, nemátodos o gusanos… por mencionar algunos, que sin importar cualquier residuo que caiga al suelo, son capaces de degradarlo y reciclarlo, porque los componentes después formarán parte del suelo, argumentó el doctor Monroy Ata.

“Un solo gramo de suelo agrícola tiene mil millones de bacterias, el 80 por ciento de la biodiversidad está en el suelo y la desconocemos. En el planeta sólo se han inventariado más de dos millones de especies pero existen entre 10 y 20 millones que están en el suelo, microorganismos no inventariados que se pierden al destruirse los suelos por fuego, erosión o actividad humana como la labranza o el uso de tractores. Por si fuera poco, algunos pesticidas que están prohibidos en el mundo, en México se venden libremente”, resaltó.

Beneficios de la agricultura orgánica

recuadro agricultura sustentableDurante su ponencia, el doctor Monroy Ata enumeró los motivos por los que para la producción de alimentos se debe considerar la agricultura orgánica: los alimentos son más sanos, libres de sustancias tóxicas que contaminan los suelos y el medio ambiente, eliminando los insumos y prácticas que los perjudican. 


Los alimentos generados orgánicamente son más accesibles a la población porque no requieren de grandes recursos económicos para su producción. Son nutricionalmente equilibrados, disminuyen la dependencia de insumos externos que pueden tener los agricultores y les permite desarrollar y apropiarse de una tecnología que sea adecuada a sus parcelas. También promueven la estabilidad de la producción de modo energéticamente sostenible y económicamente viable. 


Asimismo, la agricultura orgánica busca la autosuficiencia económica de los productores y de las comunidades rurales (autogestión) al reducir los costos de producción y preservar los recursos básicos que poseen. Igualmente asegura la conservación, biodiversidad genética y el comportamiento natural de los ecosistemas porque trabaja con ellos mas no contra ellos. 


Otra de las bondades de este sistema de producción, continuó el doctor Monroy Ata, es que colabora con la integralidad de los ciclos biogeoquímicos y sus interrelaciones con el medio ambiente al recuperar, conservar y potencializar la fertilidad de las plantas y la nutrición del suelo. Favorece el reciclaje de nutrimentos minerales y conserva la materia orgánica que se pierde.

También provee una mayor utilidad del potencial natural, productivo, biológico y genético de las plantas y animales. 
La agricultura orgánica comprende y trabaja las unidades productivas de acuerdo con sus limitaciones, en función del potencial de los suelos, agua, clima y economía local, a fin de buscar el tamaño más eficiente de la unidad de producción de forma diversificada. 


De igual modo asegura la competitividad de la producción de alimentos en mercados locales, regionales, nacionales e internacionales conforme a parámetros de cantidad y calidad. Aprovecha todas las ventajas comparativas sociales, económicas, ecológicas y agrotecnológicas que ofrecen los sistemas orgánicos de producción frente a los constantes fracasos de la agricultura convencional, para construir un verdadero desarrollo sostenible centrado en las capacidades humanas en el medio rural, expuso el investigador Arcadio Monroy Ata, quien en su momento fue estudiante becario Conacyt.

¿Por qué consumir productos orgánicos?

En México se tienen todas las condiciones para que haya mayor agricultura orgánica: clima variado, diversidad de suelos, diversidad biológica, uvas organicas suelosdomesticación de docenas de especies vegetales o animales y además, conforme al biólogo y genetista ruso Nikolái Ivánovich Vavílov, nuestro país es centro de origen de varios productos y plantas que se cultivan alrededor del mundo, citó el doctor Arcadio Monroy Ata.

Entre los motivos para optar por el consumo de productos orgánicos, recomendó el investigador, está el que no tienen químicos; pesticidas, fertilizantes o aditivos sintéticos. Su sabor, color y aroma son de mayor calidad, están llenos de vida. Tienen muchas más vitaminas, minerales y antioxidantes que los productos convencionales por lo que protegen la salud del consumidor y del agricultor. Son productos rigurosamente certificados, lo que asegura al consumidor una completa satisfacción. Su cultivo apoya la biodiversidad y una responsabilidad social compartida del productor al consumidor.

El contenido de nutrientes de productos orgánicos es considerablemente mayor que los convencionales, superior hasta dos, tres o cuatro veces, aseveró. Por el momento los países del primer mundo son quienes más consumen agricultura orgánica, pues vale el doble de lo que cuesta algún producto con agricultura convencional, agregó.

Soberanía alimentaria

Es el derecho que tiene la gente a un alimento sano y culturalmente apropiado, el cual conlleva la libertad de escoger y definir sistemas y políticas agrícolas propias con métodos ecológicamente sustentables. La soberanía alimentaria defiende la producción de alimentos a través de la agricultura local o familiar y sobre todo sostenible; según define en su portal de internet la organización “La Vía Campesina” presente en 73 países de África, Asia, Europa y América; agrupa a más de 200 millones de campesinos, pequeños o medianos productores, indígenas, migrantes, pueblos sin tierra y trabajadores agrícolas que luchan en contra de los agronegocios y multinacionales que descuidan la naturaleza, señala el mismo portal.

 

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