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Liliana Pardo López, perseverancia y determinación por la biología


Por Carmen Báez

Ciudad de México. 17 de julio de 2017 (Agencia Informativa Conacyt).- A través de la metagenómica, Liliana Pardo López, profesora investigadora del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), estudia microorganismos que participan en la degradación de hidrocarburos; su aplicación ayudaría a contender desastres derivados por vía natural o por la explotación humana del petróleo.

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Las investigaciones de Liliana Pardo, doctora en biotecnología, forman parte del Consorcio de Investigación del Golfo de México (Cigom), conformado por alrededor de 200 investigadores del país de diversas instituciones mexicanas. La iniciativa interinstitucional surgió en 2014 con el objetivo de brindar herramientas que permitan establecer planes de contingencia y actividades de mitigación en caso de ocurrir derrames de hidrocarburos a gran escala en el golfo de México.

Originaria de Veracruz, la doctora Pardo López se considera afortunada de su actividad como científica. El rigor científico y la pasión que impregna en su quehacer profesional se forjó —en parte— con las clases de Lourival Possani Postay, Francisco Xavier Soberón Mainero, Francisco Bolívar Zapata, figuras de la ciencia mexicana e investigadores del Instituto de Biotecnología de la UNAM.

En entrevista para la Agencia Informativa Conacyt, la especialista miembro nivel I del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) revela que a diferencia de sus colegas, quienes crecieron con una vocación clara por la biología, dejó al azar su destino profesional.

Bióloga por azar

“Nací en el puerto de Veracruz, tuve una infancia rodeada del mar, sin ningún apego a las cuestiones de la naturaleza y, por tanto, no tenía conciencia de ser bióloga. En la preparatoria, cuando tuve que elegir una línea para continuar con mis estudios de últimos semestres, me encontré con una gran disyuntiva: ser abogada o bióloga. Ante mi indecisión lo dejé al azar y fue este quien decidió mi futuro”.

Bióloga por la Universidad Veracruzana, Liliana Pardo se dice afortunada de tal elección. A la edad de 20 años, alejada de las fiestas y el descanso que implica para algunos estudiantes las vacaciones de verano, pasó dos meses en un laboratorio: su primer acercamiento con la ciencia, ligado a su siguiente travesía profesional.

“En la carrera me quedé impactada del alcance que esto podía tener, por ejemplo, en resolver problemas de salud (...) Me di cuenta que podía ser bióloga de laboratorio. En el cuarto semestre de la licenciatura me enteré que la Academia Mexicana de Ciencias tenía el programa Verano Científico para convivir con un investigador. Para mí fue una puerta hacia mi carrera científica: fue fascinante saber que podía manipular el ADN de humanos, animales, de bacterias y una gran oportunidad para darme cuenta que en México podría realizar ese tipo de investigación”, revela.

1 liliana1707Determinación y perseverancia fueron los pilares iniciales en su carrera como científica: logró ser aceptada en el laboratorio del dos veces reconocido con el Premio Nacional de Ciencias y Artes, Lourival Possani Postay, para realizar una residencia de dos años.

“En Cuernavaca, encontré a una persona que estudiaba las toxinas de animales venenosos para poder tener una aplicación médica: me entrevisté con el doctor Possani Postay. Recuerdo que llegué y le dije: 'doctor, yo quiero trabajar con la biología molecular de lagarto venenoso —un monstruo de Gila endémico de México—. Y me dijo: 'sí pero aquí no tengo lugar, lo siento'. A lo que respondí: 'espero los meses que sean necesarios'. De mi insistencia vio que no sería posible deshacerse de mí y me dio la oportunidad. Así inició una gran relación que trasciende el trabajo en el laboratorio. Una de las cosas maravillosas es haber empezado mi carrera con él”, expresa.

En un inicio, las investigaciones de la maestra y doctora en biotecnología se centraron en el estudio de toxinas que afectan canales iónicos del corazón y zonas del cerebro humanos.

“Mi investigación doctoral se centró en el estudio de canales iónicos del corazón humano involucrados en arritmias cardiacas y su interacción con toxinas de alacrán. Durante esa etapa, puedo agradecer al doctor Possani haberme ayudado en la construcción de un espíritu crítico y emprendedor y con un alto sentido de la ética que me ha ayudado a salir adelante en mi carrera”.

Durante el doctorado, realizó estancias de investigación en la compañía Schering en Berlín, en la Universidad de Wisconsin-Madison, en la Universidad de Texas y en la Universidad de Richmond, Virginia, y al final de este obtuvo una beca de la Comunidad Económica Europea para realizar una estancia posdoctoral en la Commissariat de l’Energie Atomique (CEA-Saclay), Francia. En esa estancia trabajó con toxinas marinas de caracoles y anémonas para la producción de pequeñas proteínas con propiedades nuevas. Aun con las oportunidades de crecimiento que implica estar en un país de primer mundo, la doctora Liliana Pardo mantuvo siempre en mente regresar a su país natal.

“Mi decisión de regresar a México fue motivada por el compromiso y la ilusión de retribuir en investigación y en formación de recursos humanos a la ciencia mexicana. Soy muy necia y yo quería trabajar en el Instituto de Biotecnología, donde hice mi carrera por diez años: para mí era un sueño. A la primera persona que le escribí fue al doctor Possani y, como siempre, no tenía espacio, pero mandó un e-mail a todos sus colegas para ver quién tenía una plaza. Afortunadamente recibí muchas respuestas y regresé a trabajar al instituto”.

Para la especialista, hacer ciencia en el Instituto de Biotecnología de la UNAM representa más que un sentimiento de satisfacción, un privilegio. “Ha sido una suerte haber tenido a grandes maestros durante toda mi formación y ahora trabajar con ellos como colegas. Las clases del doctor Francisco Bolívar Zapata, Xavier Soberón Mainero, grandes científicos todos ellos, me inyectaban ese amor por la ciencia, el interés por ser más crítica y analítica. Creo que no puedo comparar este gran placer”, comenta.

Más allá del laboratorio

La pasión que inyecta la doctora en su quehacer científico es equivalente a la que impregna en su tiempo libre: fuera del laboratorio aprovecha cada instante para pasar tiempo con sus hijos.

“Me gusta estar con mis dos hijos. Ellos saben que tienen una mamá que trabaja en un laboratorio y hace ciencia, son conscientes y comprensivos. Llueva, truene o relampaguee llego a las seis de la tarde a casa para jugar, leer y apapacharnos y eso hace maravilloso mi día (...) Creo que quien hace lo que le gusta y tiene una familia maravillosa es una persona privilegiada y yo me considero así”, comparte.

Curiosidad y pasión, clave para una carrera científica

Para la doctora Liliana Pardo, una combinación de curiosidad y pasión por descubrir cosas nuevas son ingredientes clave para el inicio de una carrera científica.

“Siempre hay que hacer un poco más de lo que es, marcar la diferencia entre conocer algo que ya todo mundo sabe, o bien descubrir algo nuevo. Si encuentran este conjunto, serán unos maravillosos candidatos para realizar una carrera científica”, concluye.

 

 

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