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Miriam Carrillo, pasión por la astronomía, educación y divulgación


Por Tania Robles

Ciudad de México. 11 de diciembre de 2017 (Agencia Informativa Conacyt).- En Universum, Museo de Ciencias en la Ciudad de México existe una sala dedicada a la antigua rama científica de la astronomía que ha atraído por años a niños y adultos a adentrarse a conocer más sobre el universo. Detrás de tal labor se encuentra la maestra Miriam Carrillo-Barragán, una mexicana que ha sabido derribar fronteras y obstáculos para combinar sus tres pasiones: astronomía, educación y divulgación.

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En entrevista con la Agencia Informativa Conacyt, Miriam Carrillo Barragán quien estudio física en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en la Facultad de Ciencias, en donde desde los primeros semestres se encaminó a la investigación en física de partículas y astronomía, platicó sobre su vida, experiencias y metas.

El sueño comienza

Originaria de Tlaxcala, Miriam encontró su pasión por la ciencia durante la secundaria cuando durante sus clases de física, química y matemáticas le surgían siempre nuevas cuestiones qué preguntarse y nuevas dudas qué explorar.

“Esa época se combinó cuando un tío me regaló un telescopio y, en provincia donde el cielo es muy despejado, podía observar perfectamente las estrellas durante la noche. Hubo muchos factores que me llevaron a ser quien soy, pero esos fueron los que me iniciaron”. 

Siempre aficionada por la exploración comenzando desde los tres años como scout, no tardó en decidir a qué se quería dedicar. “Cuando pasé al bachillerato y entré a orientación educativa no me tardé tanto en decidir. Yo sabía algo: estudiaría medicina o física. Mi pasión por el universo o el gusto por la adrenalina. Finalmente decidí universo”.

Para ello Miriam tuvo que escoger entre estudiar física en Puebla o en la Ciudad de México en la UNAM, “para eso debía tener buenas bases matemáticas porque en provincia el nivel es más bajo que en la CDMX por lo que tuve que estudiar mucho. Hice mi intento para entrar a la UNAM porque sabía que debía estudiar física y luego seguir con un posgrado para seguir mi sueño y aprender más sobre el universo”.

En este primer examen de ingreso a la UNAM, a pesar de su esfuerzo, Miriam no logró ingresar a la licenciatura en física. Esto le representó una gran frustración porque se había preparado durante mucho tiempo y el error que le impidió entrar solo se trataba de un acierto en el examen. En la siguiente convocatoria del examen de selección, logró entrar sin ningún problema.

Un nuevo sendero

El inicio de este nuevo camino fue un gran contraste con su vida normal pues de pronto vivía en una ciudad donde no conocía las calles, a las personas y su familia se encontraba a kilómetros de ella. Sin embargo, algo tenía muy claro y era que había un sueño qué perseguir pues no podía volver a ver a su familia sin conseguir lo que quería.

1-miriam1117.jpgPara esto contó con un gran apoyo familiar. “Mis papás se preocuparon porque yo hiciera lo que quería y disfrutara, a diferencia de ellos que no fueron apoyados por sus padres, los míos decidieron apoyarme a mí y a todos mis hermanos a seguir nuestros sueños y tener las mismas oportunidades”.

La curiosidad e inquietud es lo que mantuvo a Miriam ocupada durante los veranos en sus días como estudiante de licenciatura pues durante sus primeros semestres se inscribió al programa de Jóvenes a la Investigación.

Gracias a ese programa tuvo la oportunidad de hacer una estancia de investigación en el momento de la huelga de la universidad viajando a Ensenada al Observatorio Astronómico Nacional San Pedro Mártir.

Además de eso cursó el verano astronómico en el observatorio a pesar de que iba en segundo semestre y había temas de cálculo para cuarto y quinto semestre de la carrera de física. Cuando terminó la estancia se dio cuenta que podría dedicarse a hacer fotometría en San Pedro Mártir, ayudar a los investigadores o ella misma hacer investigación sobre estrellas de baja masa.

Al siguiente verano se inscribió de nueva cuenta a una estancia con el maestro José Peña del Instituto de Astronomía, pero en esta ocasión dedicándose a la parte teórica de su trabajo por lo que entendería mejor lo que había hecho experimentalmente.

En ese tiempo estuvo muy relacionada al mundo de la astronomía y comenzó a explorar otras áreas del conocimiento como historia de la física, partículas elementales y física nuclear porque sabía que ese era un tema al que también podría dedicarse.

A través de la recomendación de un profesor entró como becaria a Universum, Museo de las Ciencias como anfitriona, sitio en el que se dio cuenta de su gran interés y pasión: la divulgación de la ciencia. “Me encantaba compartir y aunque me daba mucha pena al principio y hasta hacía algunos ridículos, es muy bonito ver la cara de las personas cuando entienden algo y escuchas todas sus preguntas. Dejarles algo y recibir un agradecimiento de explicarles”. 

En el siguiente verano Miriam realizó un verano de investigación científica en la Academia Mexicana de las Ciencias en Morelia donde trabajó en el área de radioastronomía con el doctor Stan Kurtz durante dos meses en vacaciones. "Ahí aprendí todo sobre la radioastronomía y el proyecto en el que trabaje fue medir los movimientos de un pulsar para saber si estaba asociado a una nebulosa que estaba alrededor de ella”. 

Al volver a la ciudad y al museo como becaria compartió estas experiencias en la pequeña revista de becarios del museo platicando sobre las posibilidades que existen como estudiante para realizar estancias. “Yo siempre estaba buscando oportunidades y eso me permitió ir a muchos congresos para darme a conocer y entender cómo es el ambiente científico”.

Después de estar en Universum y casi a punto de terminar la la beca se dio cuenta que había algo que le gustaba mucho pues en ese momento también entró al Colegio Madrid a dar clases de Física y descubrió una tercera pasión: la educación y la enseñanza de las ciencias.

Una vez concluidas las materias Miriam pensó en juntar todos los temas que eran de su interés, pero esto era imposible, debía concentrarse en un solo. Finalmente eligió dedicarse al estudio de las altas energías. “No había nadie en México trabajando astronomía y altas energías. Justamente la doctora Magdalena González iba regresando de Estados Unidos y tenía un tema de destellos de rayos gamma que conjugaba todo lo que yo quería”. 

Decidió hacer la tesis con ella quien le advirtió que sería su primera alumna y que le exigiría mucho convirtiéndose así en su tutora y una de las personas que más le han enseñado en la vida.

“Elegí un camino largo porque me tardé dos años en acabar la tesis, aunque fue de provecho. Aprendí lo que nunca durante las materias de la carrera como programación, inglés e incluso viajé a Goddard Space Flight Center de NASA al Departamento de altas energías para rescatar los datos de la misión Compton porque utilicé ese detector para ver la naturaleza de los destellos de rayos gamma porque se debía explicar a qué se debían y si se trataba de colisiones de estrellas masivas o agujeros negros, aún no se podía entender eso. En ese viaje hubo un congreso en el que conocí a las personas de las que leía sus artículos y me sorprendí muchísimo estar rodeada de tan interesantes personajes”, añadió.

1-miriam1117-1.jpgFue en ese momento que Miriam recordó los momentos de su adolescencia en los que le preguntaban cómo se veía en algunos años y siempre contestó que estaría en la NASA, sueño que se encontraba viviendo.

La vida continúa

Cuando regresó a México se dio cuenta de la realidad y la importancia de seguirse preparando. Al finalizar la carrera exploró varios caminos como entrar al posgrado de ciencias físicas. 

“Quería el posgrado de astronomía, pero mi asesora me dijo que, de acuerdo a mi tema, debía entrar al posgrado en física. Estuve un año y luego me dio una enfermedad que se combinó con situaciones familiares fuertes que me hicieron darme un tiempo e irme a descansar. Un año fui a terapias y chequeos físicos, estuve en Tlaxcala con mi familia y volví más fuerte”, contó.

Cuando volvió decidió recuperar sus pasiones que eran la astronomía, la educación y la divulgación. A partir de eso decidió seguir como profesora en el Colegio Madrid al mismo tiempo que la solicitaron en Universum. También entró al posgrado de Museología en la Escuela Nacional de Conservación Restauración y Museografía del INAH porque necesitaba profesionalizarse, además de cursar el diplomado en Divulgación de la Ciencia de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC) de la UNAM.

Exploradora espacial y los nuevos retos

A partir de ahí Miriam encontró el gusto por la mediación y generación de actividades y eventos para poder hacer que la ciencia impacte a la gente y la tomen como parte de su vida.

Para eso regresó a NASA a un taller de ciencia lunar para educadores. “Mandé mi solicitud y fui la única mexicana seleccionada para conocer una misión lunar de la NASA y fue a partir de esa experiencia que en Universum generé la Semana de la Luna porque hay muchas cosas que no se saben de ella y todos deberían conocer”, dijo.

Ha generado diversos eventos y trabajos que han sido presentados en congresos de museología y de ciencia, en donde la invitan a dar capacitaciones sobre mediación. Hace dos años fue seleccionada por la Asociación Americana de Museos para ir a su congreso nacional.

Hace dos años fue elegida por la Embajada de Estados Unidos para ir a un intercambio internacional en el International Visitor Leadership Program enfocado a la educación STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics). “Fui con 14 personas de todo el mundo de países como Kenia, Irlanda, Rusia, Egipto, entre otros. Éramos como astronautas viajando por todo Estados Unidos de América visitando museos, ONG, instituciones, empresas e incluso Disney para saber cómo se hace la ciencia y este tipo de programas. Empezó en Washington DC y fuimos a Cincinnati, Filadelfia, Albuquerque y Florida, una gran aventura”, agregó.

Y exactamente por la constante necesidad de seguirse preparando es que fue seleccionada para participar en un campamento espacial en Alabama en un centro de NASA donde junto con 100 educadores de todo el mundo vivió durante una semana una experiencia de astronauta y donde conoció a verdaderos astronautas, además de realizar entrenamiento, aprendió de misiones y caminatas espaciales con la idea de volver y motivar a sus alumnos.

Por ahora Miriam se encuentra cerrando y abriendo ciclos en su vida profesional y privada por lo que asegura ser una persona afortunada por todas las oportunidades que se le han presentado y a las que ha podido asistir. “Mis sueños no se quedan aquí, quiero compartir todo lo que sé”.

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